En octubre de 2018, el retrato borroso de un caballero salió a subasta en Christie’s de Nueva York con un precio estimado de entre 7.000 y 10.000 dólares. Terminó vendiéndose por 432.500 dólares, unas 45 veces más de lo previsto. Lo curioso es que su autor no era una persona, sino un algoritmo de inteligencia artificial. Se llamaba Retrato de Edmond de Belamy.
Un caballero que nunca existió
Edmond de Belamy no es un personaje histórico. Fue inventado por Obvious, un colectivo de París formado por tres jóvenes de 25 años: Hugo Caselles-Dupré, Pierre Fautrel y Gauthier Vernier. El retrato forma parte de una serie de 11 obras sobre una familia ficticia, los Belamy.
El apellido esconde un guiño: es un homenaje a Ian Goodfellow, el investigador que en 2014 creó la técnica usada para pintar el cuadro. “Goodfellow” se parece, en traducción libre al francés, a bel ami (buen amigo). De ahí, Belamy.
Dos redes que compiten entre sí
La técnica se llama red generativa antagónica (GAN, por sus siglas en inglés) y funciona como un duelo entre dos programas. El primero, el generador, crea imágenes nuevas. El segundo, el discriminador, intenta adivinar si cada imagen es un retrato real o uno fabricado por la máquina. Con cada ronda, el generador aprende a engañar mejor a su rival.
Para entrenarlo, Obvious alimentó el sistema con unos 15.000 retratos pintados entre los siglos XIV y XX. El resultado tiene un aire de cuadro antiguo, pero con rasgos difusos y sin terminar, como si el pintor se hubiera ido a mitad de la sesión.
El detalle más llamativo está en la esquina inferior derecha: en lugar de la firma de un pintor, el lienzo lleva una fórmula matemática, la que describe ese duelo entre las dos redes.
Récord, aplausos y polémica
Christie’s presentó la venta como la primera obra de arte hecha con IA subastada en una gran casa de subastas. El comprador, anónimo, ganó la puja por teléfono tras competir con otros interesados.
No todo fueron elogios. Varios críticos consideraron la obra genérica y de baja resolución. Además, según reportó la revista Smithsonian, Obvious se apoyó en código publicado en GitHub por Robbie Barrat, un joven programador de 19 años, sin darle el crédito suficiente. Uno de los miembros del colectivo admitió que el código se había modificado poco, aunque defendió el esfuerzo de hacerlo funcionar. También reconoció que el lenguaje usado al principio, que presentaba la obra como “creada por inteligencia artificial”, fue demasiado tajante: detrás hubo personas que eligieron los datos, ajustaron el sistema y seleccionaron los resultados.
El sorbo de hoy
El caso Belamy abrió preguntas que siguen vigentes con las herramientas de imágenes actuales: ¿quién es el autor cuando una IA participa en una obra? ¿Quién escribe el código, quién elige los datos o quién firma el resultado? Una buena práctica al crear con IA es contar con claridad cómo se hizo y dar crédito a las herramientas y personas involucradas. Si te interesan las historias de máquinas que parecían más listas de lo que eran, no te pierdas la de El Turco, el falso robot de ajedrez, y para seguir explorando visita nuestra página de recursos.
Fuentes
- Smithsonian Magazine: Christie’s Is First to Sell Art Made by Artificial Intelligence, But What Does That Mean?
- Artnet News: Christie’s subasta su primera obra hecha con IA (2018)
- NPR: A.I. Produced ‘Portrait’ Will Go Up For Auction At Christie’s
- Malay Mail (AFP): Algorithm art fetches US$432,500 at NY auction



