Ilustración de neón de una lupa con un signo de interrogación dentro de una taza de café vista desde arriba

ELIZA, el chatbot de 1966 que ya parecía entendernos

Mucho antes de que existieran los asistentes de IA que hoy usamos a diario, un programa llamado ELIZA ya conversaba con personas en una computadora del MIT. Lo creó el informático Joseph Weizenbaum entre 1964 y 1966, y la reacción de sus usuarios sorprendió tanto a su autor que acabó convertido en uno de los primeros críticos de la inteligencia artificial.

Un “terapeuta” hecho de reglas

ELIZA no entendía nada de lo que leía. Funcionaba con reglas de coincidencia de patrones: buscaba palabras clave en lo que escribía la persona y devolvía frases prefabricadas, a menudo transformando la propia oración del usuario en una pregunta. Su guion más famoso, llamado DOCTOR, imitaba a un psicoterapeuta de la escuela de Carl Rogers, que suele devolverle al paciente sus propias palabras.

Si alguien escribía “Estoy triste porque discutí con mi madre”, ELIZA podía responder algo como “Háblame más de tu familia”. Una técnica sencilla que daba la ilusión de una escucha atenta. Weizenbaum describió el programa en un artículo publicado en Communications of the ACM en enero de 1966.

La secretaria que pidió privacidad

La anécdota más conocida la contó el propio Weizenbaum: su secretaria, que había visto cómo construía el programa y sabía que era solo código, le pidió en una ocasión que saliera de la habitación para poder conversar a solas con ELIZA. Otras personas también le confiaban asuntos íntimos.

Aquello lo inquietó profundamente. En su libro Computer Power and Human Reason (1976) escribió que una exposición breve a un programa muy simple podía inducir un pensamiento delirante poderoso en personas completamente normales. Desde entonces defendió que hay decisiones que nunca deberíamos delegar en una máquina.

El “efecto ELIZA”

De esta historia nació un término que hoy se usa más que nunca: el efecto ELIZA, la tendencia a atribuir comprensión, intenciones o sentimientos humanos a un programa que en realidad no los tiene. Los modelos actuales, como ChatGPT, Gemini o Claude, son muchísimo más capaces que ELIZA, pero la pregunta de fondo sigue vigente: ¿cuánto de lo que “sentimos” en una conversación con una IA lo ponemos nosotros?

Un final de película: el código reapareció

Durante décadas se creyó perdido el código original. En 2021, investigadores encontraron en los archivos de Weizenbaum en el MIT el programa completo, escrito en el lenguaje MAD-SLIP, junto con el guion DOCTOR. Con el permiso de sus herederos se publicó como dominio público, y en 2024 un grupo de ingenieros logró volver a ejecutarlo en un emulador de aquellas computadoras, reproduciendo las conversaciones del artículo original.

El sorbo de hoy

La próxima vez que una IA te responda con calidez, recuerda a ELIZA: que una respuesta suene empática no significa que haya comprensión detrás. Disfruta la conversación, pero mantén el criterio, sobre todo cuando se trate de tu salud, tus emociones o tus decisiones importantes.

Fuentes

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